En México, las horas que un tractocamión permanece comprometido durante una operación portuaria tienen una consecuencia que va más allá de la productividad. Mientras la unidad no concluye su ciclo, la empresa transportista mantiene recursos destinados al combustible, al operador y al propio equipo, al tiempo que reduce su disponibilidad para realizar nuevos servicios y generar ingresos.
Un análisis de T21 Business Intelligence, elaborado a partir de los tiempos registrados por el Indicador de Tiempos Promedio del Autotransporte en Puertos (ITPAP), estima que las demoras en Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Veracruz y Altamira, los principales puertos del país en el manejo de carga contenerizada, representan un costo conjunto asociado de mil 166.3 millones de pesos (mdp) mensuales para el autotransporte, considerando los días operativos de cada recinto.
El ejercicio contempla tres componentes directamente vinculados con la inmovilización de los equipos: diésel, operadores y tractocamiones. Al relacionarlos con el flujo promedio diario de vehículos que ingresa a cada puerto, el impacto potencial alcanza alrededor de 38.4 mdp diarios entre los cuatro recintos.
Manzanillo concentra el mayor monto, con un estimado de 13.6 mdp diarios, considerando un flujo promedio de tres mil 700 unidades. Le sigue Lázaro Cárdenas, con 10.8 mdp y dos mil 500 vehículos; Veracruz, con 8.9 mdp y dos mil unidades; y Altamira, con 5.1 mdp diarios y alrededor de mil vehículos.
Al proyectar estos impactos con base en los días operativos considerados durante agosto, el costo asociado asciende a 414.9 mdp mensuales en Manzanillo, 327.2 mdp en Lázaro Cárdenas, 270 mdp en Veracruz y 154.1 mdp en Altamira.
Más que una pérdida contable efectivamente registrada por las empresas, el ejercicio permite dimensionar los recursos comprometidos por las demoras. Una hora adicional no sólo prolonga la estancia de una unidad: mantiene ocupado capital, operador y recursos operativos, mientras reduce la capacidad del tractocamión para completar otros ciclos de transporte.
Bajo esta perspectiva, el comportamiento del ITPAP durante agosto adquiere otra dimensión. El tiempo promedio disminuyó de 11 horas con 50 minutos y 23 segundos en julio a 10 horas con 40 minutos y 39 segundos en agosto, una mejora de una hora con nueve minutos y 44 segundos.

Para agosto, el ITPAP —generado a partir de información que comparten compañías de GPS y autotransporte a T21— consideró dos mil 273 movimientos de autotransporte en cargas de contenedores de importación en los cuatro puertos analizados. La reducción del promedio general, sin embargo, no significó una mejora generalizada: Manzanillo y Lázaro Cárdenas disminuyeron sus tiempos, mientras Veracruz y Altamira registraron incrementos considerables.

Los tres componentes que integran el ITPAP sí mostraron una reducción frente al mes anterior. El tiempo correspondiente a aduana pasó de 5:44:56 a 5:14:26 horas, una mejora de 30 minutos con 30 segundos; las maniobras disminuyeron de 2:34:14 a 2:17:09, 17 minutos con cinco segundos menos; mientras que la espera bajó de 3:31:13 a 3:09:04, una reducción de 22 minutos con nueve segundos.
La distribución, no obstante, mantiene un patrón que se ha repetido a lo largo del año. En agosto, la aduana concentró 49.1% del tiempo promedio general, mientras la espera representó 29.5% y las maniobras 21.4 por ciento. Es decir, prácticamente uno de cada dos minutos de permanencia continuó asociado al componente aduanero.
El cambio más significativo ocurrió en Manzanillo. Después de registrar en julio el mayor tiempo entre los cuatro recintos, con 12:50:27, en agosto redujo su promedio hasta 9:34:30, una mejora de 3:15:57 horas.
El ajuste ocurrió en los tres componentes. Aduana disminuyó de 6:11:30 a 4:40:22; maniobras, de 2:45:48 a 2:03:35; y espera, de 3:53:08 a 2:50:32.
Con ello, Manzanillo protagonizó un vuelco en el ranking del ITPAP: pasó de presentar el mayor tiempo de atención en julio a registrar el menor entre los cuatro puertos durante agosto.
Lázaro Cárdenas también consiguió reducir sus tiempos, aunque de manera más moderada. Su promedio pasó de 11:58:58 en julio a 11:17:45 en agosto, una mejora de 41 minutos con 13 segundos.
Aduana bajó de 5:52:52 a 5:32:16; maniobras, de 2:36:49 a 2:24:08; y espera, de 3:29:17 a 3:21:21.
El comportamiento da continuidad a la recuperación iniciada después de abril, cuando Lázaro Cárdenas alcanzó 16:53:10, su mayor tiempo de los primeros ocho meses del año. Aunque julio interrumpió momentáneamente esa trayectoria, agosto volvió a colocar el indicador a la baja.
La situación fue distinta en Veracruz. Después de encabezar el ranking de julio con 7:13:01, el tiempo promedio aumentó hasta 11:31:59 en agosto, una diferencia de 4:18:58, la mayor variación negativa entre los cuatro puertos.
El deterioro también alcanzó los tres componentes: aduana pasó de 3:32:16 a 5:39:08; maniobras, de 1:37:58 a 2:33:08; y espera, de 2:02:47 a 3:19:43.
Con este resultado, Veracruz pasó del primer al tercer lugar en apenas un mes, evidenciando nuevamente la volatilidad que pueden presentar los tiempos de atención al autotransporte entre periodos consecutivos.
En Altamira, el promedio aumentó de 9:36:28 en julio a 13:09:39 en agosto, un incremento de 3:33:11 que lo colocó como el puerto con el mayor tiempo del mes.
Aduana avanzó de 4:36:02 a 6:38:48; maniobras, de 2:06:48 a 2:46:23; y espera, de 2:53:38 a 3:44:27.
El resultado representa además el segundo mayor tiempo registrado por Altamira durante los primeros ocho meses de 2026, apenas por debajo de las 13:35:29 observadas en marzo.
Así, agosto volvió a mostrar que el promedio cuenta sólo una parte de la historia. Mientras el ITPAP general mejoró poco más de una hora, Manzanillo y Lázaro Cárdenas redujeron sus tiempos, pero Veracruz y Altamira avanzaron en sentido contrario, provocando nuevamente cambios importantes en el desempeño relativo de los recintos.
La lectura cobra mayor relevancia cuando las horas se traducen en recursos económicos. Para el autotransporte, la productividad portuaria no termina cuando mejora o empeora un indicador: cada minuto que una unidad permanece comprometida condiciona la utilización de un activo, el tiempo disponible del operador y la posibilidad de completar nuevos viajes. Esa relación entre tiempo y costo es la que permite dimensionar por qué la eficiencia dentro de los puertos trasciende sus instalaciones y termina repercutiendo sobre el resto de la cadena logística.