En un contexto donde la inseguridad carretera continúa siendo uno de los principales desafíos para el autotransporte en México, las empresas de carga también enfrentan otro golpe para sus operaciones; el robo de combustible y el incremento en los tiempos detenidos de las unidades.
A los costos operativos que ya enfrentan las flotas por combustible, mantenimiento y peajes, se suman prácticas ilegales como las llamadas “sangrías” de diésel, que pueden representar pérdidas importantes para las empresas transportistas, de acuerdo con Ángeles Useche, directora Comercial de Total Protect.
La especialista comentó que el combustible representa hasta el 50% de los costos operativos de una flota, por lo que cualquier extracción ilegal impacta directamente en la rentabilidad de las empresas.
Dijo que existen casos donde las unidades pueden perder entre 80 y hasta 300 litros de combustible en una sola descarga no autorizada, situación que se agrava por el precio actual del diésel y el número de unidades que operan diariamente en carretera.

A esto se añade la presión operativa derivada de temporadas de alta demanda o eventos masivos que generan saturación vial y tiempos muertos para las unidades. Bajo esa lógica, la frase “carga parada, carga robada” se mantiene vigente dentro del sector, especialmente en corredores donde las unidades permanecen detenidas por tráfico, bloqueos o restricciones de circulación.
Según Useche, durante temporadas de alta movilización las empresas prácticamente operan el total de sus flotas, incrementando entre 15 y 20% el número de viajes.
La ejecutiva señaló que este tipo de escenarios obliga a reforzar la prevención y el monitoreo constante de las unidades, ya que el incremento en circulación también eleva el riesgo de incidentes y robos.
“Ellos tienen la ventaja de que saben cuándo van a actuar y nosotros simplemente tenemos que estar muy atentos”, comentó al referirse a los grupos delictivos que operan en carreteras.
En este entorno, la industria también enfrenta el reto de cambiar la percepción de la seguridad como un gasto operativo y comenzar a verla como una inversión ligada a la continuidad del negocio.